Año 2013. Pleno siglo XXI. Ipod, Ipad, play station, Twitter, wasap, smartphone, tablet. Todo está inventado y descubierto. Los libros cuentan la historia, cada uno la suya. Y parece imposible que algo que sucedió hace 1.400 años pueda sorprendernos. Estimamos inimaginable que en la actualidad sigan saliendo a la luz obras de arte hechas por nuestros antepasados siglos atrás. Pues ocurre. El pasado mes de julio, un grupo de investigadores que estaba llevando a cabo un proyecto de investigación en el yacimiento arqueológico precolombino de Holmul (Guatemala) descubrió un friso de 8 metros de largo y dos de alto que puede hacer tambalearse muchas de las creencias que hasta ahora se tenían la civilización mesoamericana más representativa: los mayas.   El género humano nunca dejará de sorprendernos, aunque, en los tiempos actuales, suele hacerlo para mal. Pero ahí está el pasado para reconciliarnos con nuestros semejantes. Ya sea en América (como es el caso), en Europa o en cualquier otro lugar, de vez en cuando unos avezados investigadores logran sacar a la luz verdaderos tesoros ocultos. Éste se ha encontrado en una pirámide del año 600, situada en la región de Petén. A sólo 35 kilómetros  del yacimiento arqueológico de Tikal que, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1979, forma parte del parque natural homónimo, y es un lugar de visita habitual para el turismo.

Tikal

Pero volvamos a lo que nos concierne. Para Francisco Estrada, el director del grupo, es la escultura maya “más espectacular” que jamás se haya descubierto. Un hallazgo histórico que estatuirá un nuevo planteamiento acerca de esta histórica civilización y que, a buen seguro, s convertirá en poco tiempo en lugar de peregrinaje habitual para miles de visitantes. En el friso hay tres figuras protagonistas. La central es el Dios de la Tormenta (Och Chan Yopaat). De su boca manan serpientes. El increíble descubrimiento, aseguró Estrada, se produjo cuando tanto él como todo su equipo estaban en pleno proceso de investigación para tratar de hallar la función del edificio donde se encontró. También aparece el rey Aj Wosaaj que, a su vez, figura en otra ciudad llamada El Naranjo.   Todo esto, según la opinión de los expertos, puede virar ligeramente la percepción que se tenía del pacifismo intrínseco a los mayas. Sin embargo, es pronto para rotundas afirmaciones. Mucho y arduo es el trabajo que tienen por delante los expertos. También en lo que concierne a cuidar y preservar un lugar que todo apunta a que se empezará a convertir en destino habitual de turistas. Estrada ya se ha apresurado a asegurar que tratarán de cuidad al máximo la sostenibilidad de un lugar mágico que ya es parte de la historia de la humanidad. Dentro de poco, los que decidan saltar el charco y viajar a América tienen algo más que visitar. Un inmenso friso de ocho metros les espera en Guatemala.

Cuenca del Peten