Fiesta, sol, playa, Copacabana, Ipanema, carnaval, caipirinha, Cristo Redentor, samba. Típicos y reales tópicos que les harán viajar mentalmente a Río de Janeiro. La segunda urbe más poblada de Brasil es una ciudad alegre, viva, jovial. Un sitio ideal para, dicho llanamente, “pasárselo bien”. El concepto vacaciones bien se pudo crear pensando en ella. Es la villa más turística del país y una de las más importantes de toda América Latina. No es fácil definir un lugar como este,  con tantos y tan variados atractivos para los viajeros. Maravillosa es una opción. Pero también magnífica, exuberante, preciosa, bella, jocosa.   Se emplaza en la zona sudeste de Brasil y tiene más de 6 millones de habitantes, que ascienden a 12 en toda su área metropolitana. Cifras que se multiplican gracias a la infinita cantidad de turistas que aterrizan allí cada año. Es el motor cultural, económico (principalmente por el turismo) y social del país. Asimismo, hasta 1960, cuando Brasilia ocupo su lugar, fue la capital del Estado. Hablar de Río de Janeiro es hablar de naturaleza, de paisajes que parecen irreales, de espacios paradisiacos y, por supuesto, de playas, 80 kilómetros de su geografía están ocupados por ellas. ¿Quién no ha soñado con tenderse contemplativo en una de esas suaves mantas de arena fina? La más famosa es Copacabana. 3 kilómetros de arena ligera, agua cristalina, bares, restaurantes y terrazas que tienen ambiente hasta altas horas de la noche.

Copacabana

Entre Copacabana y Leblon (la playa más tranquila e ideal para viajes familiares) está Ipanema. Refinada y distinguida. Cuerpos de revista recorren cada día este lugar y se lucen jugando al vóley-playa o practicando todo tipo de deportes a la vera de la lámina acuática. Ipanema se encuentra al lado del barrio homónimo y del centro histórico de la ciudad. Porque no todo va a ser fiesta y cachondeo, ¿no? Un poquito de cultura nunca viene mal en los viajes. En sus calles encontrará interesantes construcciones coloniales. El centro neurálgico de esta zona es la Plaza Quinze de Noviembre. Destacan también la Biblioteca Nacional (no hay otra más grande en Latinoamérica), el barroco Monasterio de San Bento o la Catedral Metropolitana, erigida en 1976.

Catedral Metropolitana

Porque Río de Janeiro es también una ciudad de contrastes. Del refinamiento de Ipanema o Copacabana, se pasa, sin tiempo de reacción, a la pobreza y el malvivir de los moradores de las favelas. Es de esperar que la próxima celebración tanto del Campeonato del Mundo de fútbol, en 2014, como de los Juegos Olímpicos, en 2016, no engrandezca estas diferencias que son ahora tan notorias. Que no se intente tapar, como en otros lugares que han organizado grandes eventos deportivos, las tremendas carencias sociales, echando, literalmente, a los pobres lejos de las cámaras y de los ojos del mundo.

Favelas

Sin olvidar completamente que hay personas que no tienen ni para comer, se pueden encaminar hacia el Cristo Redentor. Imprescindible y estrictamente necesaria es su visita.

Cristo Redentor de lejos

Considerada como una de las siete nuevas maravillas del mundo, pesa, ni más ni menos, que 1.145 toneladas. Maravillosa experiencia es llegar hasta él a bordo del ferrocarril de Corcovado. Éste discurre a través del Parque Nacional de Tijuca (también digno de verse) y arriba en esta espectacular estatua levantada a más de 700 metros más arriba del nivel del mar.

Cristo Redentor cerca

Otra actividad que debe realizarse es la subida al Pico Pan de Azucar, a 400 metros sobre el mar. El ascenso se realiza desde Praia Vermelha. No se asuste, si no quiere hacerlo por su propio pie, un teleférico le llevará hasta la cumbre.

Pan de Azucar

Obviamente esta ciudad es mucho más. Necesitará unas largas vacaciones para no dejar nada en el tintero. Sin embargo, trate de sacar unas horas y recorrer el barrio de Santa Teresa. Llamativas y culebreantes calles le esperan. Puede aprovechar también para cenar en alguno de los muchos establecimientos hosteleros que allí se emplazan. Rio de Janeiro es el paradigma del Brasil que se imaginan los que nunca lo han pisado. Disfrute de sus playas, de su sol, de su fiesta. Del carnaval si puede. Pero recorra también el Río menos conocido. El de los barrios de enjutas calles. El de las tabernas típicas. El de los brasileños de a pie.

General final